Los ojos, enturbiados
de soledad y de desesperanza
(en las horas intrusas de la noche
que vierten su silencio, su frío clandestino
en la casa desierta),
miran, rodean flojas sombras,
en el mustio vacío de una vida.
Nadie es testigo de esta sorda lucha
del hombre con el miedo,
del corazón con la ceniza,
de un ardiente deseo con su inutilidad.
En este desamparo, que es su alma,
busca la compañia de un espejo
donde, en sórdida espuma,
fija su faz,
y absorto mira un rostro semejante
que, transformado en monstruo y en muerte,
desaparece al fin.
- Francisco Brines
in Poesia completa, Tusquets
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